Arturo Romero Garrido
Sin duda los resultados de las elecciones por las gubernaturas del estado de México y de Coahuila resultaron las que todo mundo esperaba, en una victoria por parte de la Alianza encabezada por Manolo Jiménez sobre Armando Guadiana y en una victoria por parte de Morena y su candidata Delfina sobre Ale del Moral.
En realidad, la suerte ya estaba echada y tal parecía que no existía oportunidad para que se pudiera presentar alguna sorpresa de último minuto, esto no es como un juego de futbol donde en la última parte del partido un equipo –con talento, garra y empuje- puede dar la voltereta.
Lo que sí, es que todos nos encontrábamos a la espera de observar la forma en cómo se conseguían esas victorias porque como dicen, el diablo está en los detalles.
Para la mayoría resultaba particularmente interesante los resultados de la elección en el estado de México dado el tamaño del padrón electoral que representa y el hecho de ser un bastión histórico del PRI y del grupo Atlacomulco, símbolo del poder político en México.
En este caso, durante los últimos meses la mayoría de los estudios demoscópicos elaborados por casas encuestadoras “reconocidas” -y que en teoría llevan años realizando este tipo de trabajos a nivel nacional- mostraban desde antes de que iniciaran las campañas que la diferencia entre Delfina y Ale del Moral era prácticamente insalvable, indicando una ventaja que oscilaba entre 15 y 20 puntos porcentuales.
Al respecto y por si hiciera falta, una vez más hemos sido testigos de la falta de precisión, por decir lo menos, de las casas encuestadoras.
De acuerdo a los resultados que se pueden observar en el PREP la participación ciudadana fue del 50% con una cantidad de votos totales de 6,027,638 de los cuales 3,272,106 votos fueron para Delfina y el resto 2,755,532 para Ale del Moral, lo que nos da una diferencia entre ambas candidatas de 8.3%.
Sinceramente a como se habían manejado las cosas en diversos medios de comunicación que utilizaron las encuestas como herramienta para analizar y predecir el rumbo de la campaña, la diferencia entre ambas candidatas no fue tan grande…todas estuvieron muy lejos de acertar.
En este sentido, mucho se había hablado de la alta posibilidad de que una derrota catastrófica, es decir, de dos dígitos en el estado de México por parte de la Alianza podría ser el factor desencadenante para que ésta se rompiera de una vez y para siempre, y, por tanto, que el PRI, PAN y PRD fueran en solitario el próximo año en busca de mejor suerte.
Este escenario hubiera resultado en la derrota por adelantado de las aspiraciones de los tres partidos de oposición, o, dicho de otra manera, de la victoria adelantada de Morena en las elecciones del próximo año, sin embargo, no fue así.
Si nos atenemos al análisis exclusivas de los números podemos constatar que la diferencia entre el oficialismo y la alianza opositora si bien es importante, no es definitiva.
Eso lo deben tener claro los dirigentes de los partidos.
Es por eso que un día después de las elecciones, los 3 dirigentes de los partidos que conforman la alianza organizaron una conferencia de prensa donde anunciaron que seguirán trabajando de la mano al tiempo que informaron que será a finales de este mes cuando den a conocer la lógica sobre la cual se desarrollará el proceso de selección de candidatos, la cual aseguran estará abierta a la sociedad –whatever that means-.
La prisa por firmar el pacto de trabajo colectivo y la premura por definir la metodología del proceso de selección de candidato denota que han entendido –eso quiero pensar- que si quieren ser competitivos no pueden tardar más.
Dicho de otra manera, entre más tiempo tarden en elegir a su candidato menos tiempo tendrá de contrarrestar la ya de por sí adelantada campaña de los aspirantes de Morena a la presidencia quienes aprovechan todos los fines de semana para recorrer el país, darse a conocer en mítines, realizar acuerdos y pintar bardas, entre otras cosas.
Este razonamiento es muy simple y lógico de entender, y el mejor ejemplo es precisamente el que se llevó a cabo en el estado de México.
Ahí precisamente el partido Morena astutamente se adelantó en los tiempos a la aletargada oposición nombrando a Delfina como su candidata bajo la figura de coordinadora de la defensa de los votos, un subterfugio que les ha funcionado de maravilla.
Cuando la competencia intentó reaccionar evidentemente fue demasiado tarde.
Podríamos seguir comentando las diferentes lecturas y reflexiones que ha dejado la elección en el estado de México.
De manera particular, yo me quedo con tres:
1.- De ahora en adelante nadie podrá –por lo menos yo no- otorgarle un alto grado de confianza a las encuestas, ni las particulares ni las institucionales ufff. En ese sentido ¿cómo convencerán a los aspirantes de los diferentes estados que no han sido seleccionados como candidatos por no haber ganado “la encuesta” ?, sí, esas encuestas que tiene un grado de error de más de 10 puntos….
2.- Aunque Morena tiene una cierta ventaja con respecto a los demás partidos políticos, lo sucedido en Coahuila pone de relieve la importancia de lograr la unidad –a como dé lugar- dentro del partido, de no hacerlo correrán el riesgo de una posible sorpresa.
3.- Si los partidos de oposición quieren tener una oportunidad de ser competitivos y pelear de a verdad el próximo año deberán ir en alianza, con una plataforma en común, pero sobretodo, con un candidato que pueda generar expectativas de triunfo y que emocione a esa gran parte de ciudadanos que en ocasiones parte del abstencionismo.
* La dinámica en las elecciones presidenciales del próximo año podrían desarrollarse de manera diferente a lo que vivimos el pasado fin de semana siempre y cuando la oposición logre conectar con la sociedad civil… ¿lo lograrán? *.