Arturo Romero Garrido
Elementos constitutivos de toda insurrección.
Sin duda el acontecimiento más importante de los últimos meses a escala global ha sido la insurrección por parte del grupo Wagner en contra del gobierno legítimo –nos guste o no- de Rusia encabezado por Vladimir Putin.
La determinación por parte de Prigozhin de tomar el Kremlin- centro neurálgico del poder en Rusia- a través de la fuerza militar nos ha hecho recordar irremediablemente dos capítulos centrales de la historia contemporánea; los fallidos intentos de Napoleón y Hitler por tomar el control político de Rusia.
Sin duda, la revuelta emprendida el pasado fin de semana nos advierte claramente que no existe liderazgo o gobierno en el mundo – por muy fuerte que éste sea- que se encuentre inmune ante un hecho de esta naturaleza.
En esta ocasión fue la estabilidad de Rusia la que estuvo prendida con alfileres, en el futuro podría tratarse de cualquier otra potencia de primer orden.
También debemos de tener claro que no todos los golpes de estado tienen su origen necesariamente en un levantamiento armado…los fusiles pueden llegar después.
No olvidemos, por ejemplo, lo que ocurrió en Estados Unidos hace tan sólo un par de años cuando en medio de un proceso electoral de dudosa procedencia se llevó a cabo en Washington una revuelta de alrededor de 700 seguidores y fanáticos de Donald Trump que acusaron al partido demócrata y al Deep State de haber tramado un fraude electoral.
En aquella ocasión el intento por revocar los resultados de las elecciones llegó a un punto de tensión tan elevada como pocas veces se había visto en la historia reciente de Estados Unidos.
De hecho, no faltaron los analistas políticos que llegaron a considerar la revuelta como un incipiente intento de golpe de estado.
¿O acaso alguien podría creer que los eventos del capitolio se fueron desarrollando por cuenta propia? ...sinceramente yo soy de los que piensa que en este tipo de coyunturas no existe la espontaneidad.
Y es que una vez que se va analizando de manera fría y detallada la situación a posteriori uno es capaz de descubrir ciertos indicios que muestran la participación de diferentes agentes de poder.
Insisto, el que no se haya concretado la insurrección total no quiere decir que no se haya pensado o se estuviera planeando.
Si la revuelta en el capitolio no terminó por desencadenar un levantamiento de mayor alcance fue porque los tres elementos constitutivos de todo golpe de estado fallaron a la hora de la verdad y consistió en lo siguiente:
1. La persona que podía liderar el descontento político y social de las masas -en este caso Donald Trump- no estuvo resuelto a arriesgar el todo por el todo, condición imprescindible en este tipo de circunstancias
2. Faltó el apoyo manifiesto por parte de algunos sectores de las fuerzas armadas, agencias de inteligencia y del orden público.
La implicación de estos grupos armados es fundamental ya que son los encargados de ejercer actos de violencia para someter a los enemigos, o en su caso, contrarrestar algún intento de apaciguamiento por parte de la autoridad establecida.
3. No participaron los poderes fácticos representados por las grandes familias, aquellas que conforman la élite civil y que son dueñas de las empresas más poderosas del país.
Como se puede intuir, si falla el primer elemento resulta mucho muy difícil que el segundo y el tercero tomen forma.
Ahora bien, si en el caso de la revuelta en Washington algunos analistas observaron indicios de un incipiente golpe de estado, en el caso del avance del grupo Wagner a Moscú no puede haber duda alguna de se trató de la inminente toma del poder ejecutivo central.
Porque a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos en Rusia estuvieron presentes los elementos constitutivos de todo golpe de estado; un líder dispuesto a todo y un grupo de mercenarios que cruzaban por las ciudades con el beneplácito de los soldados de a pie.
No tenemos informes que detallen el actuar de los oligarcas rusos, pero tampoco creo que haga mucha falta ya que históricamente a ese tipo de agentes económicos los mueve el interés económico y no el sentido patriótico o la defensa del orden público.
Y aunque es todavía muy pronto como para realizar conclusiones finales de lo ocurrido, sobre todo para los que no contamos con más información que la que circula en portales oficiales pro rusos o pro occidentales, me queda claro que la irrupción de Prigozhin en la arena política de Rusia seguirá teniendo grandes efectos en el futuro inmediato.
De momento el presidente Lukashenko le ha otorgado una vía de escape a Bielorrusia donde establecerá su centro de operaciones.
¿Y después? Posiblemente espere los tiempos en que llegue a su fin la administración de V. Putin para hacer su regreso triunfal a Moscú abanderando esta vez no a un grupo de mercenario, sino a un partido político.