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Emmanuel Macron; palabras al viento.

Redacción

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Emmanuel Macron; palabras al viento.
20 abr., 2023
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Emmanuel Macron; palabras al viento.

Hace aproximadamente una semana el presidente de Francia Emmanuel Macron realizó una gira de trabajo en Asia, particularmente en China en donde sostuvo conversaciones de trabajo con su homólogo el presidente Xi Jingping, quién se ha convertido en el hombre del momento dada la alta y exitosa actividad diplomática que viene realizando en el presente año.
La visita de E. Macron a China se desarrolla justo después de que Xi Jinping volviera de Moscú con la garantía de cumplimiento de un acuerdo comercial de hidrocarburos para los próximos años, acuerdo que le permitirá a Rusia resolver en gran medida los efectos del bloqueo comercial impuesto por los norteamericanos mientras que China asegura contar con la energía –gas y petróleo- que su poderosa industria demanda.
Todo pareciera indicar que el proyecto de la Gran China avanza sin detenerse, no así para Francia que parece haber perdido el rumbo, pero sobretodo el liderazgo desde hace mucho tiempo.
Francia ha sido un país que históricamente ha ejercido un liderazgo político y económico por excelencia en el continente europeo. Fue a finales del siglo XIX con la unión de los más de 300 reinos germano parlantes y la subsiguiente conformación de Alemania como una sola entidad lo que provocó que Francia pasara a convertirse en la segunda potencia económica del continente, sin embargo, aun así, su liderazgo político continuó siendo preponderante.
Incluso en momentos desfavorables y complejos, como, por ejemplo, cuando se dio por terminada la Segunda Guerra Mundial y que daba por grandes ganadores a los Estados Unidos y a la Unión Soviética, la preminencia de Francia en el mundo se hacía sentir bajo la dirección de Charles de Gaulle quien se negaba a acatar los preceptos de las dos superpotencias.
Esa condición de libertad y autonomía le daba a Francia cartas para jugar en diferentes negociaciones.
Dicho de otra manera, era impensable idear un proyecto político-militar para Europa sin el consentimiento de los franceses, empero hoy la situación es distinta. 
Internamente existe un gran descontento social que ha venido incrementándose en los últimos años. 
Las protestas de los chalecos amarillos a finales de 2018 no era el indicio de un malestar social provocado por un hecho aislado, era el síntoma de una enfermedad que se está extendiendo por todo su ser.
Recordemos que en aquella ocasión miles de franceses decidieron marchar por la avenida más importante de París y tomar el Arco del Triunfo para evitar que el gobierno tomara la decisión de incrementar los precios de los combustibles.
La decisión de retractarse al aumento de los precios de la gasolina aunado al incendio en el tejado de la catedral de Notre Dame lograron distraer la atención de los chalecos amarillos – y del mundo – de sus objetivos fundamentales.
En aquella ocasión el gobierno del presidente Emmanuel Macron pudo salir avante, no obstante, el problema de fondo no fue resuelto. Y ya sabemos que cuando no se resuelve el problema de fondo tarde o temprano vuelve a salir a la superficie…tan solo es cuestión de tiempo para que reaparezca.
De acuerdo a datos oficiales, la inflación que ha aumentado vertiginosamente -entre otras causas por el conflicto armado en Ucrania- supera el 20% en el sector alimentario y energético. 
Y con una inflación de esa proporción es inherente que resurja el malestar social derivado del cada vez mayor costo de vida.
Diferentes encuestas elaboradas en aquel país han señalado la negativa de los ciudadanos para que su país se involucre en el conflicto entre Rusia y Ucrania. 
No conciben de ninguna manera que gran parte del presupuesto nacional se oriente a las fuerzas armadas y no están de acuerdo en la solución que el gobierno propone en el tema de las jubilaciones. 
Pero, sobre todo, en la sociedad francesa sigue estando encendida la llama del sentimiento patriótico y del deber militar, por lo que no consienten que la política exterior de su país esté completamente subordinada a las exigencias norteamericanas.
Quizás por ello, estando en Pekín –capital actual de la geopolítica en el mundo de acuerdo a especialista en relaciones internacionales Alfredo Jalife- el presidente Emmanuel Macron enunció la que debería de ser el nuevo paradigma francés; reducir su dependencia en Seguridad por parte de Estados Unidos y consolidar la “autonomía estratégica” de Europa con Francia a la cabeza.
Por supuesto que la pregunta que todos se hacen es: ¿se atreverá Emmanuel Macron a romper el grillete que lo ata a los intereses norteamericanos e ingleses?
Y es que el ascenso de Macron a la cima de la política en Francia se dio gracias a que sus –todavía- jefes banqueros le abrieron el sendero para que arribara al Palacio del Elíseo.
Dados los antecedentes del presidente de Francia uno bien podría deducir –por lo menos es lo que yo creo- que sus intenciones sobre buscar la “autonomía estratégica” terminarán convirtiéndose en palabras que se lleve el viento.
En ese caso, Emmanuel Macron se unirá al club de otros ex presidentes galos que decidieron divagar y eludir los grandes temas nacionales provocando así que el liderazgo de la República francesa se diluya con todo su arsenal nuclear.


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