...

La otra marcha.

Arturo Romero Garrido

...
La otra marcha.
27 mar., 2023
Compartir:

La otra marcha.

Un suceso que se está convirtiendo en una acción cada vez más habitual en México es el de llevar a cabo marchas multitudinarias para enarbolar las exigencias, defensa y proclamas de diversos grupos de interés.
No es que antes no se dieran este tipo de actividades, sin embargo, en la era del PRI hegemónico y todo poderoso las marchas se daban a cuenta gotas. 
Claro que a contra posición, cuando éstas se llegaban a dar era porque la situación política que la generaba era de tal gravedad y magnitud que llegaba a producir un cisma en la vida de la nación (El caso que mejor ejemplifica lo anterior es el movimiento estudiantil del 68 que derivó en marchas multitudinarias en el centro neurálgico del país).
Ahora bien, no es de extrañar que este tipo de movilizaciones se estén convirtiendo en algo recurrente dado a que históricamente siempre ha formado parte de la esencia de la izquierda, es decir, es parte del ADN de esta corriente política la toma del espacio público a través de manifestaciones o marchas.
Así debemos ver la última de estas marchas convocadas por el presidente el pasado 18 de marzo, llevada a cabo para conmemorar la soberanía energética del país a 85 años de la expropiación petrolera. 
No ha sido la primera ni será la última que veremos en lo que resta del sexenio, en la lógica de los partidos de izquierda siempre habrá motivos suficientes para llamar a la concentración masiva y tratar así de legitimar su esencia filosófica.
Y aunque la mayoría de los medios de comunicación han hecho una cobertura lo suficientemente amplia tanto de la marcha convocada por el presidente celebrando la “soberanía energética” así como la organizada por la alianza opositora “en defensa el INE”, mucho más interesante resulta examinar lo sucedido el pasado 12 de marzo cuando familiares y ex militares se congregaron en las calles de la ciudad de México para llevar a cabo la “otra marcha”.
En principio porque es la primera vez que nuestra generación es testigo de una protesta por parte de familiares de militares inconformes por la situación que están atravesando los soldados, no todos por supuesto, sino particularmente aquellos que son instruidos a realizar operaciones de vigilancia y seguridad en algunas de las ciudades más conflictivas del país.
Y es que, debido a la ineficiencia de las policías municipales y estatales para establecer el orden público la presencia permanente del ejército en las calles es prácticamente inevitable. 
Es la última línea de defensa que ostenta el gobierno para poder controlar y gobernar un país que ha perdido la paz social en diferentes partes del territorio. 
Como en la ciudad de Nuevo Laredo, una localidad que ha sido por años una de las más peligrosas del país - tierra de nadie- y donde la única manera de establecer cierta tranquilidad en la región ha sido mandar a los soldados a realizar tareas que en teoría les corresponden a los policías. 
Y fue precisamente en uno de los operativos realizados por el ejército en Nuevo Laredo donde se generó un incidente que terminó con la vida de 5 personas inocentes. (Se escucha muy cruel decir que lo sucedido fue un error garrafal por parte de los militares, sin embargo, así fue.)
Cabe mencionar que los soldados que participaron en este evento fueron arrestados y se encentran en espera de conocer su destino ya que existe una investigación en su contra por parte de la FGR.
Qué difícil situación atraviesan los soldados de más bajo rango del ejército mexicano dedicados a la tarea de vigilancia, situados entre el peligro de enfrentar a las bandas criminales y el riesgo de inherente de cometer una equivocación en su actuar.
Si bien es cierto que fueron los familiares de los soldados involucrados en el evento de Nuevo Laredo los que organizaron la marcha y que en cuestión de números no superaron los 2000 asistentes, mal haríamos en pensar que no es trascendente este acontecimiento.
Básicamente porque no todos los que apoyan una idea o, en este caso, una proclama se disponen a marchar. 
Lo que quiero decir es que estas 2000 personas representan a muchas otras que piensan de la misma manera, es decir, que defienden las mismas causas pero que por diferentes razones decidieron no acudir a la congregación.
Para tener una idea más concreta, existen en el país alrededor de 180,000 elementos armados que realizan todos los días labores de seguridad pública (entre ejército, marina, guardia nacional).
Cierto es que no por un operativo fallido se debe opacar la imagen del ejército como garante de la seguridad, si lo vemos en términos de porcentaje es mínimo el rango de error que han cometido las fuerzas armadas.
Sin embargo, un aspecto muy importante sobre el cual debemos de reflexionar – y que a la postre podría ser un problema para el Estado mexicano- es sobre el inminente desgate en cuestión de imagen pública que sufrirán las fuerzas armadas conforme sigan realizando funciones de seguridad pública.
Recordemos que las policías municipales en muchos municipios del país fueron sobrepasadas e incapaces de detener los altos índices de violencia y asesinatos derivados del crimen organizado. Conforme fueron pasando los años el desgaste en imagen pública de las policías cayó hasta el suelo y obligó a los estados a ocuparse de manera directa de la seguridad de muchos municipios.
Los habitantes de estos municipios creyeron que con la presencia de la policía estatal en teoría más capacitada y mejor armada sería la solución que tanto esperaban, pero al paso del tiempo no se observaron cambios significativos y dejaron de confiar en la autoridad estatal.
Se dice que fue Lázaro Cárdenas Batel el primer gobernador en pedir al presidente de la república la presencia permanente de los militares en Michoacán. A partir de ese momento fueron cada vez más gobernadores los que solicitaron la misma ayuda hasta llegar el punto en el que nos encontramos en este momento.
Aun así, ha sido imposible detener el trasiego de estupefacientes, así como la disminución de la violencia en algunas zonas del país.  
De continuar esta tendencia en los próximos años será inevitable que los ciudadanos sigan creyendo en el ejército como el garante de la seguridad, dejarán de considerar al ejército como institución confiable. Mientras que, por parte del ejército, pero específicamente de la tropa continuará el descontento por tener que realizar operativos donde corre un doble riesgo; el ser atacado por grupos criminales en la mayoría de los casos o el de cometer equivocaciones –los menos- como el de Nuevo Laredo y terminar preso…el peor de los mundos.


Te puede interesar

Síguenos en nuestras redes sociales